domingo, 9 de octubre de 2011

Punto de inflexión del sistema social

Harald Welzer, sociólogo y psicólogo social, especialista en el comportamiento social en el Holocausto y otras gueras genocidas, director del Center for Interdisciplinary Memory Research (Essen, Alemania) nos habla de los puntos de inflexión social y la despolitización de las sociedades en la Europa occidental. Veamos algunas reflexiones al respecto en este post.

"Los científicos estudian el punto de inflexión de los ecosistemas, o del sistema oceánico, pero nadie presta atención al punto de inflexión del sistema social. Si hacemos un repaso histórico, el último punto de inflexión tuvo lugar hace unos veinte años, en 1989. Fue un momento importante que nadie anticipó y una verdadera hecatombe en la forma de organización política del mundo. Si un sistema puede colapsar así, ¿qué significa eso para otros sistemas? ¿Es nuestro sistema más estable solo porque dicen que lo es?
En la Historia, tenemos ejemplos como el fascismo o el comunismo que cambiaron sociedades en un lapso de tiempo increiblemente corto y con un impacto muy profundo. Por ello, creo que no tenemos ni idea de lo que puede pasar en un mundo que afronte una subida de la temperatura de tres grados o más, algo que puede ocurrir en pocas décadas.
Respecto a los gobiernos en las áreas desfavorecidas, se trata de Estados débiles que serán aún más débiles y más corruptos en el futuro. Las sociedades fallidas están atrapadas en un círculo vicioso y tienden a profundizar su desestructuración. Las últimas décadas se ha registrado un número creciente de sociedades que optan por la democracia y, sin embargo, en los últimos años se registra la tendencia contraria en cuanto a nivel de libertad y democracia, ¿Cómo interpretar este hecho? No está nada claro que el modelo futuro será el de democracia liberal de la sociedad occidental.

Más relacionado con el cambio climatico, la idea de la sociedad mundial, de foros y acuerdos a nivel internacional es una idea romática, como Copenhague, que no cuajó y que probablemente nunca tendrá éxito por una sencilla razón: los ganadores al nivel internacional no quieren perder sus privilegios. ¿Qué ocurrirá con esta división entre ganadores y perdedores cuando la situación sea la que nos avanzan los científicos, con un impacto desigual del cambio climático?, ¿qué pasará cuando se intensifique la desertización, aumente la escasez y se manifieste un problema con el agua?, ¿qué pasará cuando los países pobres sean más pobres y la población muera a causa de hambrunas y otros países no estén afectados por esos problemas en la misma medida? En ese contexto de impacto desigual, puede que muchos se pregunten «¿por qué los ganadores tendrían que preocuparse por los perdedores? Actualmente, en la superficie del entramado político impera una especie de enfoque romántico sobre el carácter global del cambio climático, y abunda la retórica de que se trata de un problema global que requiere de soluciones globales y ese tipo de mensajes, pero la experiencia muestra que la sociedad global, en la práctica, no existe, y lo que verdaderamente hay es una parte de la población enriquecida, favorecida, y otra parte pobre, desfavorecida. Estas ideas no son mías, proceden de un sociólogo alemán, Lars Clausen, fallecido recientemente y que se dedicó en parte a estudiar los efectos de las catástrofes. En uno de sus últimos escritos habla de los Estados y las sociedades fallidas. Posiblemente, uno de los efectos del cambio climático es que tengamos que hablar de una globalización fallida precisamente por esta división entre ganadores y perdedores. Desafortunadamente, creo que esa será la tendencia en los próximos años.
En la mayoría de los países europeos, especialmente en Europa occidental, en las últimas dos o tres décadas hemos vivido un proceso de despolitización; las sociedades han perdido parte de la conciencia política que tenían y se aprecia una falta de compromiso activo de la sociedad civil. Esto facilita el terreno a los políticos, los lobbies y los grupos de presión, que ahora pueden saltar tranquilamente al espacio vacío que ha quedado en una sociedad civil despolitizada. La forma en que teóricamente debe funcionar una sociedad democrática –representatividad, debate público y decisiones acorde a lo que la sociedad desea– ya no funciona porque falta articulación social, que es producto de su despolitización".
Fuente: Entrevista a Harald Welzer, sociólogo y psicólogo social, especialista en el comportamiento social en el Holocausto y otras gueras genocidas, director del Center for Interdisciplinary Memory Research (Essen, Alemania) y autor del libro “Guerras climáticas”, febrero de 2011 . Boletín ECOS Nº 15, CIP-Ecosocial, junio-agosto 2011.



EL RINCÓN DEL FISGONEO

El "precariado" es la nueva clase peligrosa
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Guy Standing, profesor de Seguridad Económica en la Universidad de Bath (Reino Unido) y autor de Precariat, the new dangerous class (Bloomsbury Academic), afirma que vivimos en un mundo dominado por la inseguridad, la ansiedad y la frustración, por lo que no resulta extraño que surjan nuevas formas políticas de actuación que traten de dar respuesta a sentimientos socialmente tan complejos.

Por eso, cuando hablamos del Precariado, por utilizar el término propuesto por Standing, debemos entender que no nos estamos refiriendo a esa clase media que se siente exprimida, a los excluidos de la sociedad o a un nuevo tipo de clase trabajadora, sino que estamos principalmente ante un conjunto de sentimientos y ansiedades que afecta a toda la sociedad y al que hay que dar respuesta.

Tres clases de precariado.

En el primero están aquellos que sienten que ha desaparecido la vida que esperaban. "No tienen un alto nivel de formación pero pensaban que, como la generación de sus padres, iban a tener una vida laboral estable. Y ya no será así. En este grupo abundan las personas enfadadas que escuchan las voces del populismo, que no ven con buenos ojos a los inmigrantes y que son políticamente peligrosos porque probablemente se convertirán en seguidores de los populistas de extrema derecha".

El segundo grupo consiste en gente que no está comprometida políticamente. No se identifican con los socialdemócratas, los conservadores o los cristiano-demócratas de la vieja escuela. "Se sienten inseguros y separados de la sociedad, pero de un modo anárquico. Tampoco están fuera del sistema, porque son parte de un sistema laboral emergente. Incluyen muchos grupos, entre los que están los inmigrantes. Su activismo político se limitará a salir a la calle a protestar por los recortes en los presupuestos o en los servicios sociales".

El tercer grupo sí nos ofrece una perspectiva diferente, que es en cierta manera esperanzadora, afirma Standing. La mayoría de las personas que lo forman son jóvenes con estudios superiores, que viven situaciones inseguras pero que ni buscan ni quieren los viejos trabajos de por vida que ocuparon sus padres." Y son peligrosos porque rechazan el viejo estilo de los partidos políticos. Probablemente sean idealistas, y su descontento está encauzado en el sentido de intentar buscar una sociedad mejor".
Fuente: “Ocupar Wall Street será sólo el principio”, Esteban Hernández, 04-10-2011. www.elconfidencial.com


1 comentario:

  1. Un post con información, cuanto menos, interesante. Gracias por las referencias bibliográficas.

    Un saludo.

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